lunes, 6 de octubre de 2014
Alarma
La historia de la necesidad, la realidad necesaria y el necesitar como único verbo existente digno de ser especulado: el patrón de la vida que reivindica su derecho en la conciencia del humano. La conciencia, un deber ser hacia lo necesitado; la violencia, una justicia cuándo lo necesario es reprimido.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
domingo, 31 de agosto de 2014
So sentimental, not sentimental no!
1) Como comunicador, es clara la sentencia: Comunicar “bien”. Más allá de toda ambivalencia circunstancial entre sus elementos, surge un rol del comunicador establecido de forma OBJETIVA y una actividad comunicativa totalmente SUBJETIVA que forman un conjunto seguro. Clarísimo.
2) Requisitos OBJETIVOS delineados y sostenidos por todos nosotros, consumidores y productores, en una relación que queda, respecto a la calidad de su realidad, a la opinión SUBJETIVA dentro de los límites que plantea la OBJETIVIDAD de las acciones: informarse, ahondar en el conocimiento de la agenda, analizar, valorar y emitir un producto acabado, cerciorado no por un método OBJETIVO, sino por la variable que dice presente en la finitud de la vida SUBJETIVA: un comunicador es un ser humano limitado ontológicamente, no en el aspecto gnoseológico solamente. Su capacidad de adaptación a la estructura comunicativa, su verdadera riqueza intelectual etérea reside también en el carácter restringido de su moralidad, de su ética de clase. Un emisor, vuelvo a repetir, imperfecto, pero que, a partir de dicha condición limitadora, puede relativizar el alcance OBJETIVO de la producción informativa de acuerdo a un receptor que lo selecciona. Valor SUBJETIVO que reorienta la OBJETIVIDAD de la relación emisor-receptor.
3) De cualquier manera, es sabido que este arduo trabajo del comunicador-individuo es deudor de la actividad de sus congéneres. No cabe en la empresa de construcción de la realidad un hecho OBJETIVO único: endeble hasta el fin, amenazado y librado al acto aniquilador de una voluntad filosófica, el producto informativo es revocable en todo momento, haciendo de este un sustantivo potencialmente desacreditado\r. ¿Existe una verdad OBJETIVA? No es mi propósito desandar caminos infructuosos, pero es curioso observar que todo comienza desde un mismo punto: Comunicar es proponer un marco social SUBJETIVO, y como tal, los distintos encuadres OBJETIVOS alcanzan una medida tan pronto teórica como práctica en la SUBJETIVIDAD de la existencia. La existencia OBJETIVA y la plausibilidad de lo SUBJETIVO delimitan un lenguaje que termina por obstar las peculiaridades, a veces OBJETIVAS, otras SUBJETIVAS, de un mundo que entra en contradicción con los propios marcos que sirven a su análisis.
4) La información es frágil, huidiza, marcada por la debilidad frente al reclamo que hace lo “real”. Soslayando esta firme imposibilidad de abarcar un grado de certidumbre OBJETIVA, la información pierde credibilidad día a día. En el ámbito universitario esto sobresale exageradamente: ¡Hasta los conocimientos derivados de las Ciencias Sociales parecen más resistentes que la información frente al hecho concreto, frente a ese consenso inmaculado que denominamos “lo real”! (A qué se debe esta intocable concepción de la realidad no es un problema pertinente en este momento, en esta hoja, por falta de espacio)
5) El debate OBJETIVO SUBJETIVO se vuelve una charla entre amigos cuando concierne al comunicador de la realidad informar acerca de los hechos materiales. Sin embargo dicha discusión alcanza sus cuotas más interesantes en el concepto de JUSTICIA: la intransigencia de ciertos agentes es notable cuando su OBJETIVIDAD es SUBJETIVIZADA, o viceversa. El lenguaje informativo muestra su lado más crudo en la OBJETIVIDAD de la incomprensión por parte del comunicador acerca de la actitud que debe mantener respecto a su propia SUBJETIVIDAD .
2) Requisitos OBJETIVOS delineados y sostenidos por todos nosotros, consumidores y productores, en una relación que queda, respecto a la calidad de su realidad, a la opinión SUBJETIVA dentro de los límites que plantea la OBJETIVIDAD de las acciones: informarse, ahondar en el conocimiento de la agenda, analizar, valorar y emitir un producto acabado, cerciorado no por un método OBJETIVO, sino por la variable que dice presente en la finitud de la vida SUBJETIVA: un comunicador es un ser humano limitado ontológicamente, no en el aspecto gnoseológico solamente. Su capacidad de adaptación a la estructura comunicativa, su verdadera riqueza intelectual etérea reside también en el carácter restringido de su moralidad, de su ética de clase. Un emisor, vuelvo a repetir, imperfecto, pero que, a partir de dicha condición limitadora, puede relativizar el alcance OBJETIVO de la producción informativa de acuerdo a un receptor que lo selecciona. Valor SUBJETIVO que reorienta la OBJETIVIDAD de la relación emisor-receptor.
3) De cualquier manera, es sabido que este arduo trabajo del comunicador-individuo es deudor de la actividad de sus congéneres. No cabe en la empresa de construcción de la realidad un hecho OBJETIVO único: endeble hasta el fin, amenazado y librado al acto aniquilador de una voluntad filosófica, el producto informativo es revocable en todo momento, haciendo de este un sustantivo potencialmente desacreditado\r. ¿Existe una verdad OBJETIVA? No es mi propósito desandar caminos infructuosos, pero es curioso observar que todo comienza desde un mismo punto: Comunicar es proponer un marco social SUBJETIVO, y como tal, los distintos encuadres OBJETIVOS alcanzan una medida tan pronto teórica como práctica en la SUBJETIVIDAD de la existencia. La existencia OBJETIVA y la plausibilidad de lo SUBJETIVO delimitan un lenguaje que termina por obstar las peculiaridades, a veces OBJETIVAS, otras SUBJETIVAS, de un mundo que entra en contradicción con los propios marcos que sirven a su análisis.
4) La información es frágil, huidiza, marcada por la debilidad frente al reclamo que hace lo “real”. Soslayando esta firme imposibilidad de abarcar un grado de certidumbre OBJETIVA, la información pierde credibilidad día a día. En el ámbito universitario esto sobresale exageradamente: ¡Hasta los conocimientos derivados de las Ciencias Sociales parecen más resistentes que la información frente al hecho concreto, frente a ese consenso inmaculado que denominamos “lo real”! (A qué se debe esta intocable concepción de la realidad no es un problema pertinente en este momento, en esta hoja, por falta de espacio)
5) El debate OBJETIVO SUBJETIVO se vuelve una charla entre amigos cuando concierne al comunicador de la realidad informar acerca de los hechos materiales. Sin embargo dicha discusión alcanza sus cuotas más interesantes en el concepto de JUSTICIA: la intransigencia de ciertos agentes es notable cuando su OBJETIVIDAD es SUBJETIVIZADA, o viceversa. El lenguaje informativo muestra su lado más crudo en la OBJETIVIDAD de la incomprensión por parte del comunicador acerca de la actitud que debe mantener respecto a su propia SUBJETIVIDAD .
La comunicación del interrogante sin interrogacion clara.
Diferencia y distancia.
Entablar una discusión: ¿apartarse o buscarse? Las ideas pueden imponerse, aunque pueda ser contradictorio afirmar esto si creemos en la existencia ontológica de los "intereses subjetivos". La voluntad es cínica; las ideas pueden ser escarnios a disposición de la voluntad. La sensación de superioridad sobre el otro es una apetencia humana, animal sólo en los momento de irracionalidad, moral en el silencio del inmoral. De todos modos, la voluntad es idea. ¿Qué sucede cuando nos encontramos en el otro? ¿La distancia es tan frágil, tan etérea, un artilugio que se pierde en el mero acto del tuteo?
Tu camino se cruza atropelladamente con mi presente, simples idiotas desconocidos, sólo astutos momentos antes de conocernos ¿Quién es él y por qué yo soy como él y al mismo tiempo temo su presencia mucho antes de haberla comprobado? Humanos al fin, la avidez por huir de la soledad de la inmoralidad nos puede. Pero Sr Gonzalez ¿Merece usted mi confianza?
¿Qué me separó de usted cuando compartimos la especie con el restos de ellos? ¿Compartir un mismo misterio no nos es acaso suficiente a la hora de recordarnos? Nacionalidad, tradiciones, gustos, representación y buena imagen… ¿derivan de que punto sino de nuestro temor a volver a observar el mundo a partir de los instantes inacabados, castrados, incompletos por el sentimiento de ansiedad? ¿Dónde se encuentra la incisión?
Con embargo, al final y al cabo marcan las existencias estos paréntesis. Aunque seguros del constante acercamiento por el amor ¿Estamos destinados por lo tanto a proyectarnos entre nosotros? Es harto sabido nuestro carácter social: la sociedad es la respuesta. Por eso mismo cabe preguntarse qué sucede en el prologo de la comunion humana o en el epílogo de la destrucción de dicha comunicación ¡Todo radica en la diferenciación y en la complicidad de la mentira poética, en la rima y en el compás de esta música que escuchamos en este momento! ¡La música de un lenguaje pervertido!
En dicha circunstancia, Sr Gonzalez, usted que es licenciado en Comunicación Social ¿Que piensa de la diatriba que traje aquí? ¿Es que la diferencia entre seres humanos esta fundamentada en la felicidad y nuestro sueño de eliminarla, de perfeccionarla? ¿O será que el paraíso es el infierno de los placeres cotidianos, donde el Diablo es el Saber y Dios la Ley que me permite acercarme al primero?
Literatura estrictamente seria. Imaginacion tirada a la basura. Verdad contra apariencia.
Fragmento de una carta de lector de un periódico que nunca fue publicada. Sí sabemos la fecha en la cual el autor escribió el texto completo: 13/03/2011
La cuestión del simple excluido.
“… y por supuesto, la información parece ocultar, pero muestra. Muestra también ocultando, y por supuesto, puede también ocultar mostrando. Pero parecería que lo oculto es un actor más de este circuito de producción, siendo el contacto con él un derecho exclusivo de selectos grupos sociales: los profesionales que se ocupan de la producción informativa; los agentes económicos y políticos; las instituciones académicas, etc. Más allá de todo lo que es sentido común, los consumidores de información reconocen esta situación como legitima. Leen, ven, escuchan, sabiendo que ellos son exclusivamente consumidores de mercancías estancadas, parcialidades parciales. Este marco solo puede darse a conocer cuando entran en conflicto intereses generales que quedan al descubierto por instancias circunstanciales, que no son más que la punta del iceberg de un proceso continuo que eclosiona en un determinado momento. A pesar de todo, la reacción de la masa con respecto a esto es nueva, pero continúa un lineamiento ético: la moralidad de la no intervención. Solo a los grupos selectos que mencionamos les está dado el poder de transformar, relativizar, negociar y producir: ocultar y mostrar información.
Con todo, la situación que presentamos parece irreversible: la producción de verdades, su mecanismo, todo parece poco a poco surgir del estado de ignorancia y revelarse al consumidor. Pero ¿en qué consiste preguntarse acerca de la trama verdadera? ¿Es también una construcción el cuestionamiento, la pregunta débil? Si es así ¿Cuándo se da, y en qué momento? Paso a paso, todo parece maleable y los valores de referencia se pierden, aún cuando sepamos que siempre ha sido así ¿Qué es lo verdadero en la pregunta por la objetividad sino la estupidez de la racionalidad que la formula? La objetividad parece perderse en dos planos: los intereses profesionales y los intereses particulares de la masa social. Ya no solo la sociedad elige su verdad, sino que los profesionales continúan produciendo información que responde a intereses particulares y que está destinada a un público que atiende a estos motivos sectoriales. El problema no son las circunstancias, sino el entender como racional toda mecanización de los actos humanos y responder de tal manera frente a ellos. "No solo la masa selecciona los diarios, los canales de televisión, las radios con los cuales se identifican sino que avalan la selección de la producción por parte de los agentes profesionales, y estos ponen en circulación información para cada sector de la sociedad que los elige". Es verdad, pero más verdad es la falaz actitud de aquel que reproduce este pensamiento: la particularidad del individuo parece negarse señores. No solo está legitimado el mercado de la información, la mercancía que se consume, cual marcas que contienen vida propia, sino que ahora el primero requiere de una moral universal, enemiga de las particularidades de la tradición, y de una opinión prefijada en el acto político de la alienación, en el acto suicida de la estandarización espiritual que alienta a la inmovilidad del agente.
Por sobre todo, es claro, como ya dijimos, el irreversible marco actual. La trama verdadera de la producción de información está al descubierto, pero llegar a ella es solo el privilegio de algunos que no osan ir contra la moral establecida por el mismo acto productivo. Cuando somos estos privilegiados, el mercado ya estaba funcionando hace muchos años atrás y no hacemos más que insertarnos en los moldes establecidos de antemano, aquella matriz que es el fantasma de la tradición. El rumbo, como ya dijimos, parece tener un destino sabido de antemano, pero al cual no nos podemos oponer...."
La cuestión del simple excluido.
“… y por supuesto, la información parece ocultar, pero muestra. Muestra también ocultando, y por supuesto, puede también ocultar mostrando. Pero parecería que lo oculto es un actor más de este circuito de producción, siendo el contacto con él un derecho exclusivo de selectos grupos sociales: los profesionales que se ocupan de la producción informativa; los agentes económicos y políticos; las instituciones académicas, etc. Más allá de todo lo que es sentido común, los consumidores de información reconocen esta situación como legitima. Leen, ven, escuchan, sabiendo que ellos son exclusivamente consumidores de mercancías estancadas, parcialidades parciales. Este marco solo puede darse a conocer cuando entran en conflicto intereses generales que quedan al descubierto por instancias circunstanciales, que no son más que la punta del iceberg de un proceso continuo que eclosiona en un determinado momento. A pesar de todo, la reacción de la masa con respecto a esto es nueva, pero continúa un lineamiento ético: la moralidad de la no intervención. Solo a los grupos selectos que mencionamos les está dado el poder de transformar, relativizar, negociar y producir: ocultar y mostrar información.
Con todo, la situación que presentamos parece irreversible: la producción de verdades, su mecanismo, todo parece poco a poco surgir del estado de ignorancia y revelarse al consumidor. Pero ¿en qué consiste preguntarse acerca de la trama verdadera? ¿Es también una construcción el cuestionamiento, la pregunta débil? Si es así ¿Cuándo se da, y en qué momento? Paso a paso, todo parece maleable y los valores de referencia se pierden, aún cuando sepamos que siempre ha sido así ¿Qué es lo verdadero en la pregunta por la objetividad sino la estupidez de la racionalidad que la formula? La objetividad parece perderse en dos planos: los intereses profesionales y los intereses particulares de la masa social. Ya no solo la sociedad elige su verdad, sino que los profesionales continúan produciendo información que responde a intereses particulares y que está destinada a un público que atiende a estos motivos sectoriales. El problema no son las circunstancias, sino el entender como racional toda mecanización de los actos humanos y responder de tal manera frente a ellos. "No solo la masa selecciona los diarios, los canales de televisión, las radios con los cuales se identifican sino que avalan la selección de la producción por parte de los agentes profesionales, y estos ponen en circulación información para cada sector de la sociedad que los elige". Es verdad, pero más verdad es la falaz actitud de aquel que reproduce este pensamiento: la particularidad del individuo parece negarse señores. No solo está legitimado el mercado de la información, la mercancía que se consume, cual marcas que contienen vida propia, sino que ahora el primero requiere de una moral universal, enemiga de las particularidades de la tradición, y de una opinión prefijada en el acto político de la alienación, en el acto suicida de la estandarización espiritual que alienta a la inmovilidad del agente.
Por sobre todo, es claro, como ya dijimos, el irreversible marco actual. La trama verdadera de la producción de información está al descubierto, pero llegar a ella es solo el privilegio de algunos que no osan ir contra la moral establecida por el mismo acto productivo. Cuando somos estos privilegiados, el mercado ya estaba funcionando hace muchos años atrás y no hacemos más que insertarnos en los moldes establecidos de antemano, aquella matriz que es el fantasma de la tradición. El rumbo, como ya dijimos, parece tener un destino sabido de antemano, pero al cual no nos podemos oponer...."
De la comunicación: objetividad y originalidad.
Decimos comunicación y esquematizamos. Preferimos algunos esquemas más que otros. Otros se pierden en el camino ignominioso de la insuficiencia objetiva. Decimos esquemas y proponemos una relación de factores no exánimes pero si establecidos fuera de toda perspectiva casual. Un emisor, un receptor, un enlace que es el mensaje y otras yerbas. La universalidad. Algo ampara esta propuesta contra toda refutación casual: la universalidad. La defensa descansa en un mecanismo de acción singular (si se me permite esta alocución) del Homo Sapiens: el hombre debe protegerse de las desavenencias usuales; extinción segura si lo hace aisladamente o desordenadamente. La moral surge en el momento en que el ser humano ahogado en su inmoralidad, cara a cara con su debilidad, se siente desolado. El Humano universal se crea y todas las individualidades se esconden detrás de Él en concordancia inexorable. El humano es la prioridad. Cualquier peligro que azote al individuo, cualquier peligro que azota al Humano: unidos, nos lastima conjuntamente, pero respondemos conjuntamente. El ser humano no estará solo nunca más.
Ahora bien, la universalidad del hombre, su ubicuidad en las respuestas concatenadas, la mujer en estado consecuente, la castración prefijada de cada niño, nos ha entusiasmado maravillosamente. Creemos y celebramos la unidad del ser humano lanzándonos a la búsqueda de nuevos horizontes, diferentes melodías de una misma partitura nunca estuvieron tan próximas (el dolor es lo inapelable, la seguridad del encuentro con este tipo de novedades) ¡Oh Dios, podemos comprender tu grandeza, pero nuestra existencia es la sangre divina que te mantiene vivo! La universalidad, la objetividad, la generalidad abstracta. Y los esquemas se contentan, aislados, únicos, en retenernos dentro de ellos. Porque hemos alcanzado un grado de comprensión último, la objetividad, el conocimiento que parte desde el ser, que se une al universo entero en el intento de comprenderlo y conquistarlo para finalmente caer en el rotundo fracaso de las seguridades legítimas. ¡Todo es tan próximo! No debemos conformarnos con recoger alimentos y beber del rio. Debemos predecir y consumir, a partir de la fe en el augusto progreso, todo lo que excede al ser humano; saciar nuestro ímpetu enorme, nuestra temeraria potencialidad.
La objetividad, la generalidad abstracta, la universalidad. La objetividad parte del Hombre, surge de su inmaculada posición, y reina en nuestras pequeñas cabecillas. Atentar contra las esquematizaciones de comunicación. La objetividad nunca parece endeble, y nunca su debilidad se manifiesta si atentamos contra las esquematizaciones de la comunicación con sus mismas armas. ¿Es que la riqueza de la comunicación puede contentarse con ser la paráfrasis de una abstracción generalizada? ¿Cabe admitir la comunicación a costa del silencio, de la muerte y la negación de lo "particular"?
Cuando estudiamos los verdaderos alcances de la comunicación, el sinsentido del pobre “emisor-mensaje-receptor” muere en el acto. La adyacencia de los seres humanos produce resultados maravillosos ignorados solamente fundamentados en la casualidad de lo peculiar. La emocionalidad de la razón, la destrucción del mensaje se convierte en un atisbo de belleza. La desesperanza nos invade cuando vemos nuestros esquemas, nuestros conceptos que radican en la observación científica. La ilusión de una estructura que subyace a todo nuestro accionar impele un conocimiento igual de alienante . Aliento a deshacerse de toda pretensión vacua, sin vida, de concretar un conocimiento útil, un conocimiento objetivo, un conocimiento universal, en pos de la originalidad de un nuevo saber, una nueva base cognitiva que nos permita apreciar la impredecible comunicación humana, una base que, al final y al cabo, respete las leyes más estúpidas de la razón.
Ahora bien, la universalidad del hombre, su ubicuidad en las respuestas concatenadas, la mujer en estado consecuente, la castración prefijada de cada niño, nos ha entusiasmado maravillosamente. Creemos y celebramos la unidad del ser humano lanzándonos a la búsqueda de nuevos horizontes, diferentes melodías de una misma partitura nunca estuvieron tan próximas (el dolor es lo inapelable, la seguridad del encuentro con este tipo de novedades) ¡Oh Dios, podemos comprender tu grandeza, pero nuestra existencia es la sangre divina que te mantiene vivo! La universalidad, la objetividad, la generalidad abstracta. Y los esquemas se contentan, aislados, únicos, en retenernos dentro de ellos. Porque hemos alcanzado un grado de comprensión último, la objetividad, el conocimiento que parte desde el ser, que se une al universo entero en el intento de comprenderlo y conquistarlo para finalmente caer en el rotundo fracaso de las seguridades legítimas. ¡Todo es tan próximo! No debemos conformarnos con recoger alimentos y beber del rio. Debemos predecir y consumir, a partir de la fe en el augusto progreso, todo lo que excede al ser humano; saciar nuestro ímpetu enorme, nuestra temeraria potencialidad.
La objetividad, la generalidad abstracta, la universalidad. La objetividad parte del Hombre, surge de su inmaculada posición, y reina en nuestras pequeñas cabecillas. Atentar contra las esquematizaciones de comunicación. La objetividad nunca parece endeble, y nunca su debilidad se manifiesta si atentamos contra las esquematizaciones de la comunicación con sus mismas armas. ¿Es que la riqueza de la comunicación puede contentarse con ser la paráfrasis de una abstracción generalizada? ¿Cabe admitir la comunicación a costa del silencio, de la muerte y la negación de lo "particular"?
Cuando estudiamos los verdaderos alcances de la comunicación, el sinsentido del pobre “emisor-mensaje-receptor” muere en el acto. La adyacencia de los seres humanos produce resultados maravillosos ignorados solamente fundamentados en la casualidad de lo peculiar. La emocionalidad de la razón, la destrucción del mensaje se convierte en un atisbo de belleza. La desesperanza nos invade cuando vemos nuestros esquemas, nuestros conceptos que radican en la observación científica. La ilusión de una estructura que subyace a todo nuestro accionar impele un conocimiento igual de alienante . Aliento a deshacerse de toda pretensión vacua, sin vida, de concretar un conocimiento útil, un conocimiento objetivo, un conocimiento universal, en pos de la originalidad de un nuevo saber, una nueva base cognitiva que nos permita apreciar la impredecible comunicación humana, una base que, al final y al cabo, respete las leyes más estúpidas de la razón.
Concepto de arte en Baudelaire. Ideas del éxtasis de los sentidos, el mal, la modernidad y la queja de los enamorados
El concepto de arte y del artista en Baudelaire redunda en sus condiciones de sacralidad. Como dice Baudelaire: “El artista solo surge de si mismo (...) Solo es fiador de si mismo (...) Muere sin haber tenido hijos. Ha sido su propio rey, su propia sacerdote, su propio Dios”
Asimismo y por sobre todo, el arte moderno debe tener contacto con el presente, con el mundo que lo rodea, con la vida cotidiana del individuo. El punto donde convergen el mundo del arte y el mundo corriente no es únicamente un punto espiritual, sino también físico, un punto del paisaje de la ciudad moderna.
Además podemos redefinir dicho concepto de arte moderno con ciertas estipulaciones resueltas en la crítica de la estética romántica y de la corriente socialista-utilitarista.
Critica al arte romántico -El artista no debe abordar al hombre moderno de forma pintorescamente romántica sino que hay que sacar a la luz la parte del alma humana oculta en él; de este modo se revela el corazón triste y a menudo trágico de la ciudad moderna. “La vida moderna tiene una belleza autentica y distintiva, inseparable, no obstante de su inherente miseria y ansiedad, de las facturas que tiene que pagar el hombre moderno” -El sueño forma parte de lo que se ve, no de una mentirosa visión romántica. -La vida moderna requiere un nuevo lenguaje musical, sin el ritmo y rima de la poesía romántica.
Critica a las corrientes socialistas-utilitaristas -El utilitarismo desborda al hombre moderno ocultando su fase épica, su figura poéticamente grande. Lo nuevo no debe de sucumbir ante lo útil. La dimensión épica de la vida moderna debe de ser el punto hacia el que se dirija el artista. -El individuo moderno no debe atender al ideal del “ingenuo hombre de bien”, “regido por esa moral de tenderos que es el utilitarismo”.
De todas formas podemos abordar las principales premisas del arte en Baudelaire con los siguientes conceptos:
Modernidad: Baudelaire: “Por modernidad entiendo lo efímero, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es eterna e inmutable”. La modernidad o lo moderno, donde lo sucedido aun no se ha interpretado ni asumido. Lo que todavía esta ocurriendo en el espacio publico y a cuya persecución han de lanzarse pintores y escritores. Lo moderno es atractivo porque despierta la curiosidad del artista y le obliga a responder al reto de la interpretación, aventando el tedio que genera lo archisabido, lo anclado en la repetición y en el ámbito.
El mal: Cuando hablamos del Mal en Baudelaire debemos apuntar la mayor parte de las veces hacia el Spleen. El tedio no es un mal en si mismo, sino un estado un estado que abre la puerta a todos los males. Su particularidad es no ser nada, y por no se más que vacío y oscuridad puede dar cabida a todo. La agresividad generada por el tedio es estrictamente imaginativa. Su maldad es ligera e inmaterial, libre de toda traba moral.
La queja del enamorado: se explicita en “los ojos de los pobres”: donde el narrador explica a la mujer que ama por qué siente amargura y distanciamiento hacia ella; y es allí dónde se desarrolla un encuentro verdaderamente moderno: lo acaecido reside en el espacio urbano. El nuevo bulevar de Paris fue la innovación urbanística más espectacular del siglo XIX y el paso decisivo hacia la modernización de la ciudad tradicional.
Orgía de sentidos: Cuando hablamos de idealización poética, la visión baudelairiana del paraíso, es lo radicalmente opuesto a la espiritualización y a la abstracción: una orgía de sentidos, una experiencia sensorial cuya intensidad misma hace de ella una experiencia espiritual.
Critica al arte romántico -El artista no debe abordar al hombre moderno de forma pintorescamente romántica sino que hay que sacar a la luz la parte del alma humana oculta en él; de este modo se revela el corazón triste y a menudo trágico de la ciudad moderna. “La vida moderna tiene una belleza autentica y distintiva, inseparable, no obstante de su inherente miseria y ansiedad, de las facturas que tiene que pagar el hombre moderno” -El sueño forma parte de lo que se ve, no de una mentirosa visión romántica. -La vida moderna requiere un nuevo lenguaje musical, sin el ritmo y rima de la poesía romántica.
Critica a las corrientes socialistas-utilitaristas -El utilitarismo desborda al hombre moderno ocultando su fase épica, su figura poéticamente grande. Lo nuevo no debe de sucumbir ante lo útil. La dimensión épica de la vida moderna debe de ser el punto hacia el que se dirija el artista. -El individuo moderno no debe atender al ideal del “ingenuo hombre de bien”, “regido por esa moral de tenderos que es el utilitarismo”.
De todas formas podemos abordar las principales premisas del arte en Baudelaire con los siguientes conceptos:
Modernidad: Baudelaire: “Por modernidad entiendo lo efímero, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es eterna e inmutable”. La modernidad o lo moderno, donde lo sucedido aun no se ha interpretado ni asumido. Lo que todavía esta ocurriendo en el espacio publico y a cuya persecución han de lanzarse pintores y escritores. Lo moderno es atractivo porque despierta la curiosidad del artista y le obliga a responder al reto de la interpretación, aventando el tedio que genera lo archisabido, lo anclado en la repetición y en el ámbito.
El mal: Cuando hablamos del Mal en Baudelaire debemos apuntar la mayor parte de las veces hacia el Spleen. El tedio no es un mal en si mismo, sino un estado un estado que abre la puerta a todos los males. Su particularidad es no ser nada, y por no se más que vacío y oscuridad puede dar cabida a todo. La agresividad generada por el tedio es estrictamente imaginativa. Su maldad es ligera e inmaterial, libre de toda traba moral.
La queja del enamorado: se explicita en “los ojos de los pobres”: donde el narrador explica a la mujer que ama por qué siente amargura y distanciamiento hacia ella; y es allí dónde se desarrolla un encuentro verdaderamente moderno: lo acaecido reside en el espacio urbano. El nuevo bulevar de Paris fue la innovación urbanística más espectacular del siglo XIX y el paso decisivo hacia la modernización de la ciudad tradicional.
Orgía de sentidos: Cuando hablamos de idealización poética, la visión baudelairiana del paraíso, es lo radicalmente opuesto a la espiritualización y a la abstracción: una orgía de sentidos, una experiencia sensorial cuya intensidad misma hace de ella una experiencia espiritual.
Perspectivas aún incabadas
“Por una especie de perversa lógica interna, el mundo de los objetos medidos y manipulados por la ciencia técnica (el mundo de lo real según la metafísica) se ha convertido en el mundo de las mercancías, de las imágenes, en el mundo fantasmatico de los mass media. Deberíamos contraponer este mundo una historia sólida, estable y con austeridad” Gianni Vattimo
El mundo de la ciencia nos abre sus puertas, un eterno resplandor donde todo saber se legitima al ritmo del demandante saber universal. Es aquí, el mundo técnico dónde los objetos que se manipulan son medibles, calificados y clasificados por una lógica que se resiste al extrañamiento particular. Baluartes de este mundo son la claridad y la precisión. La ciencia técnica no ofrece ambivalencias ni perspectivas varias: sólo “objetos reales y verdaderos”, leyes del conocimiento vueltas en un orden coercitivo luego asimiladas por el individuo de la realidad practica: la exactitud unilateral por las lateralidades del humano condena al humano social de todos los días a participar en un engranaje dominante periódico. El mundo fantasmatico de los mass media responde a una dimensión gnoseológica similar: la inmediatez y la caracterización de la información en clave legal implica una práctica científica similar. La practicidad y el efecto previsto de las mercancías mediáticas condicen con la praxis de las ciencias técnicas, duras y resistentes frente a la variación cualitativa de una teoría crítica fundamentada en la necesidad de trascendencia . Así, el gusto de este saber técnico comporta la imnacencia propia de la fácil disgestión: la experiencia satisfactoria fácilmente estimulada se adhiere a las perspectivas que consignan nuestro horizonte espiritual: es necesario así un aparato reproductor, un individuo de aquellos que desean comprender los ignotos estímulos que recibe, información y demandas que caben en pequeñas partículas de tiempo materializado. No hay tiempo para comunicarse con otro detenidamente, toda relación es fugaz y furiosa, salvaje en sus rincones más ociosos. Por todo lo anterior, y por mucho mas, abogamos por una cita con la dignidad que supone la existencia del otro, por una respuesta que responda y combata la afrenta que supone para la espiritualidad de la existencia la vacuidad y la ubicuidad de la satisfacción garantizada mercantil. Una historia estable y fragmentaria de los humanos como base de una argumentación consciente y liberadora en contraposición a la inconsciencia de la consciencia de una razón instrumental. Es esta historia por la cual abogamos, una presencia real en el otro que libere el terror acostumbrado. Luchamos por la responsabilidad del entendimiento, una apuesta que supere las relaciones del tipo excluyente, que ahondé en lo irrepetible y bello. Luchamos contra las condiciones que posibilitan la mortalidad de la comunicación, a favor de lo aprehensible del significado, de un saber responsable frente a la avasallante lógica de mercado.
El concepto de cultura que establece Castoriadis se enfrenta a la lógica funcional-instrumental del saber, se enfrenta a la mercancía de la cultura. La cultura definida por Castoriadis se explica “en todo lo que en una institución de la sociedad excede la dimensión conjuntista-identificatoria y que los individuos de esa sociedad invisten como valores”. Las mercancías de la mass media reniegan de esa axiología. La ciencia técnica es solo el primer eslabón de esta “maldita” evolución.
Tarkovski presenta la recepción del arte contrapuesta a una relación fugaz e inútil con el otro. La cita trascendental con el artista es parte de la fe que depositamos en él, la vía mística del sentido y la finalidad. En el mundo del mass media se realiza la oposición del mencionado postulado. No solo no existe una recepción frente a la mercancía, sino que esta ultima obsoleta la riqueza del entendimiento humano, la irreproductibilidad de la presencia real, la posibilidad de una historia austera y sin ansías de brillos innecesarios. La lógica del proceso en el cual los objetos medibles de la ciencia técnica se retoman desde el mundo de la mercancía, de los mass media, es la contracara del proceso cultural de los mencionados autores. Por sobre todo no existe una verdad, pero la esperanza del valor cultural es fuerte, tanto para ilusionarnos en la búsqueda de una relación rica con el otro, significativa y libre.
El mundo de la ciencia nos abre sus puertas, un eterno resplandor donde todo saber se legitima al ritmo del demandante saber universal. Es aquí, el mundo técnico dónde los objetos que se manipulan son medibles, calificados y clasificados por una lógica que se resiste al extrañamiento particular. Baluartes de este mundo son la claridad y la precisión. La ciencia técnica no ofrece ambivalencias ni perspectivas varias: sólo “objetos reales y verdaderos”, leyes del conocimiento vueltas en un orden coercitivo luego asimiladas por el individuo de la realidad practica: la exactitud unilateral por las lateralidades del humano condena al humano social de todos los días a participar en un engranaje dominante periódico. El mundo fantasmatico de los mass media responde a una dimensión gnoseológica similar: la inmediatez y la caracterización de la información en clave legal implica una práctica científica similar. La practicidad y el efecto previsto de las mercancías mediáticas condicen con la praxis de las ciencias técnicas, duras y resistentes frente a la variación cualitativa de una teoría crítica fundamentada en la necesidad de trascendencia . Así, el gusto de este saber técnico comporta la imnacencia propia de la fácil disgestión: la experiencia satisfactoria fácilmente estimulada se adhiere a las perspectivas que consignan nuestro horizonte espiritual: es necesario así un aparato reproductor, un individuo de aquellos que desean comprender los ignotos estímulos que recibe, información y demandas que caben en pequeñas partículas de tiempo materializado. No hay tiempo para comunicarse con otro detenidamente, toda relación es fugaz y furiosa, salvaje en sus rincones más ociosos. Por todo lo anterior, y por mucho mas, abogamos por una cita con la dignidad que supone la existencia del otro, por una respuesta que responda y combata la afrenta que supone para la espiritualidad de la existencia la vacuidad y la ubicuidad de la satisfacción garantizada mercantil. Una historia estable y fragmentaria de los humanos como base de una argumentación consciente y liberadora en contraposición a la inconsciencia de la consciencia de una razón instrumental. Es esta historia por la cual abogamos, una presencia real en el otro que libere el terror acostumbrado. Luchamos por la responsabilidad del entendimiento, una apuesta que supere las relaciones del tipo excluyente, que ahondé en lo irrepetible y bello. Luchamos contra las condiciones que posibilitan la mortalidad de la comunicación, a favor de lo aprehensible del significado, de un saber responsable frente a la avasallante lógica de mercado.
El concepto de cultura que establece Castoriadis se enfrenta a la lógica funcional-instrumental del saber, se enfrenta a la mercancía de la cultura. La cultura definida por Castoriadis se explica “en todo lo que en una institución de la sociedad excede la dimensión conjuntista-identificatoria y que los individuos de esa sociedad invisten como valores”. Las mercancías de la mass media reniegan de esa axiología. La ciencia técnica es solo el primer eslabón de esta “maldita” evolución.
Tarkovski presenta la recepción del arte contrapuesta a una relación fugaz e inútil con el otro. La cita trascendental con el artista es parte de la fe que depositamos en él, la vía mística del sentido y la finalidad. En el mundo del mass media se realiza la oposición del mencionado postulado. No solo no existe una recepción frente a la mercancía, sino que esta ultima obsoleta la riqueza del entendimiento humano, la irreproductibilidad de la presencia real, la posibilidad de una historia austera y sin ansías de brillos innecesarios. La lógica del proceso en el cual los objetos medibles de la ciencia técnica se retoman desde el mundo de la mercancía, de los mass media, es la contracara del proceso cultural de los mencionados autores. Por sobre todo no existe una verdad, pero la esperanza del valor cultural es fuerte, tanto para ilusionarnos en la búsqueda de una relación rica con el otro, significativa y libre.
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